Soy cirujano plástico. Trabajo con el cuerpo humano todos los días. Entiendo mejor que nadie lo que significa capturar la imagen de alguien sin que comprenda del todo las implicaciones. Pero cuando vi a Vega, con ocho años, apuntarse la cámara a la cara para que Roblox verificara su edad, sentí algo que no había sentido antes.
Empecé a investigar. Descubrí que Roblox tiene 144 millones de usuarios diarios. Que el sistema de verificación facial que implementaron en 2026 genera datos biométricos de menores — la categoría de datos más sensible que existe bajo la ley europea. Que ese sistema es bypasseable comprando una cuenta de adulto por 4 euros en internet. Que, en definitiva, habían creado un problema más grande del que pretendían resolver.
También descubrí que no existía ninguna alternativa. Ningún sistema que pudiera verificar la edad de un usuario sin pedirle una fotografía, sin pedirle un documento, sin guardar ningún dato personal. Nadie lo había hecho porque nadie sabía cómo hacerlo.
Yo creo que sé cómo hacerlo. Y llevo meses construyéndolo, junto con investigadores de la Universidad de Alicante y un equipo de ingenieras que comparten la misma convicción: la privacidad de los niños no debería costar ningún dato personal.
Fingerfy verifica si eres adulto o menor en 10 segundos, usando solo la pantalla táctil que ya tienes en el bolsillo. Sin cámara. Sin foto. Sin huella. Sin DNI. Sin que quede ningún rastro.
No te voy a contar cómo funciona exactamente — tenemos una patente en trámite que lo protege. Pero sí te puedo decir por qué lo estamos construyendo: porque Vega se merece poder usar internet sin que internet se quede con su cara.